Cuestión: Por tanto, se debe facilitar el descanso de los cuidadores.
Respuesta del Prof. Herranz: “Una de las más graves acusaciones que se pueden hacer a la sociedad contemporánea es que muchas veces los cuidadores claudican, hasta cierto punto justificadamente, por agotamiento, sin recibir ayuda de voluntarios, o de sistemas sociales que les permitan tomarse un respiro ocasional o periódico, unas vacaciones. Penosamente, no atrae a la gente joven la atención de las personas en condiciones de vida empobrecida. Ese es un campo laboral desatendido.
El 25 de febrero de 1990 Terry Schiavo sufrió un paro cardíaco que le provocó daños cerebrales gravísimos, que la dejaron en estado vegetativo. El 31 de marzo de 2005 murió por inanición en el hospital Suncoast de Florida. La mujer fue desconectada, por orden judicial, el 18 de marzo de la máquina de alimentación que la mantenía con vida.
De la obligación social de atender a los miembros más débiles se ha hablado poco. El debate se ha centrado en lo jurídico, más que en la ética individual y social. Evidentemente este problema, como muchos en bioética, está decisivamente influido, y no de modo generalmente positivo, por la gran potencia generadora de bioética, que son los Estados Unidos. Allí los debates políticos y las conclusiones de los jueces han jugado un papel determinante en la bioética norteamericana y, a través de ella, en la de todas partes. En consecuencia, el tema se ha formulado y debatido en términos de derechos; es decir, que poner o mantener una sonda nasogástrica no es un asunto del médico y el paciente o sus allegados, no es puramente una intervención médica que puede ponerse o retirarse por criterios médicos: esa es una cuestión que se puede remitir a un juez. Así no es fácil plantear a fondo el problema humano de cómo la familia o la sociedad ha de plantearse la atención responsable de estos pacientes.
El juicio moral de lo que es ordinario y proporcionado no es una cuestión meramente académica, es un asunto de ethos social, de lo que pasa en el corazón de una sociedad. Recuerdo haber leído que existe el riesgo de que a una sociedad se le vaya endureciendo el corazón, cuando se acumulan experiencias negativas -como la suspensión de cuidados básicos decretada en el caso citado de Terry Schiavo, en Estados Unidos; o en el de Tony Bland, en Inglaterra-. La mentalidad utilitarista endurece poco a poco la sensibilidad de la gente, que termina por no encontrar sentido en la atención de los "inútiles".
A mis alumnos les he hablado muchas veces de uno de los primeros testimonios de humanidad, contenido en la Ilíada. En el incendio de Troya uno de los héroes regresa para recuperar a un anciano inútil, se lo hecha al hombro y entre el fuego y los dardos enemigos pasa a su zona. El poner en riesgo su propia vida por salvar a un anciano, que aunque era muy sabio ya no era una fuerza que contribuyera a la defensa de la guerra, es un signo de humanidad que anuncia un futuro muy importante.
En este sentido, me parece mezquina la discusión de si la sonda nasogástrica es una intervención médica o no. El problema que Juan Pablo II destacaba es una cuestión de humanidad. El mojar los labios, el apagar la sed, el mantener la nutrición mínima que necesita una persona para seguir viviendo en esas condiciones tan precarias es una exigencia de humanidad, mucho más allá de lo que pueda establecer la normativa legal o las directrices bioéticas.” En Al Servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz, José María Pardo, Ed EUNSA, 2015, 159.






