Seguimos con la respuesta del Prof Herranz:
“Conocía los discursos bioéticos de Pío XII, una de las primeras manifestaciones de la bioética contemporánea. Y uno de ellos, del año 1952, trataba de los límites de la investigación biomédica; del respeto a los sujetos de investigación…. Algunas ideas de ese documento de Pío XII pasaron directamente a la Declaración de Helsinki. Hay que señalar que la Asociación Médica Mundial, con mucha prudencia, quiso oír las opiniones de los líderes religiosos sobre la ética de la investigación; y curiosamente, fue el testimonio del experto protestante, no el del experto católico, el que se refirió ampliamente a lo que Pío XII había dicho sobre el tema.
Profundizando en ese asunto, tratando de ver de dónde pudo haber tomado Pío XII esas ideas (las fuentes no estaban citadas), pude comprobar que pro- cedían de la deontología médica francesa del siglo XIX, fuentes que habían sido olvidadas por todos, tanto en Francia como fuera. Eran cosas muy básicas sobre el consentimiento libre e informado del paciente para la investigación, y no sólo para las relaciones terapéuticas de médicos y pacientes.
La cosa era evidente: en la tradición cristiana, tal como destacaban autores del ciclo de la moral médica francesa de mediados del XIX, el dominio del hombre sobre su cuerpo es un asunto de "administración responsable", de algo de lo que uno no es dueño absoluto, sino un don que uno ha recibido y del que se ha de rendir cuenta.
La defensa del cuerpo no se hacía en nombre de un dominio autónomo absoluto, de "hago con él, o dejo hacer con él, lo que quiera". Lo dijo muy bien Surbled, cuando afirmaba que al hombre le basta atrincherarse tras su voluntad libre: no tiene obligación de explicar sus razones para negarse a un tratamiento o experimento que le propone el médico: el hombre es el administrador de su voluntad, es el apoderado de sí mismo, que sólo tiene que someterse a la voluntad de Dios y darle cuenta de lo que ha hecho con su vida y su cuerpo. Surbled clamaba contra la conducta monstruosa, criminal, de ciertos médicos que engañaban a los pacientes y los sometían a experimentos brutales.” En “Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz” José María Pardo, Ed EUNSA, 2015, p 213-214.






