viernes, 20 de marzo de 2026

Ética de la investigación (V)

Los descubrimientos científicos deben reflejar la pulcritud del trabajo de investigación. Tarea nada fácil y siempre imprescindible para la veracidad de los hallazgos. Desgraciadamente no siempre ocurre así.  

Cuestión: Usted ha centrado su docencia durante muchos años en la ética de la investigación biomédica. El fraude de la investigación científica no disminuye. Según se desprende de un reciente artículo (Journal of Medical Ethics 37; 249-253, 2011) entre 2000 y 2010 se retiraron 742 artículos de la base de datos PubMed. 

Respuesta del Prof. Herranz: “No parece que el problema del fraude en investigación biomédica sea un fenómeno reciente. Los historiadores de la ciencia han puesto de relieve que incluso grandes lumbreras del pasado hacían sus apaños, arreglaban los datos para que la demostración y la plausibilidad de las leyes que descubrían o formulaban resultasen más convincentes y elegantes. La elegancia de la demostración ha invitado muchas veces a acicalar los datos para aumentar la estética.

Tampoco parece que el problema del fraude en la investigación sea una cuestión exclusiva de la biomedicina. En otras ciencias, sobre todo las que se basan en la investigación empírica -la sociología, la psicología aplicada, por ejemplo-, el fraude ha infectado mucha investigación, y de forma muy grave. Incluso la Teología está afectada por este mal: citación manipulada y traducción acomodaticia.

No tenemos datos del pasado, ni tampoco suficiente cantidad de datos recientes, para afirmar si el fraude está creciendo o no. Ciertamente, hoy se dispone de medios muy eficaces tanto para perpetrar fraudes como para detectarlos. La manipulación de imágenes o trazados gráficos mediante el hábil manejo de programas de ordenador permiten mostrar como reales cosas increíbles, presentarlas con una verosimilitud muy grande. Algunas revistas han adquirido tecnologías muy avanzadas para descubrir esas falsificaciones. 

Para detectar esos fraudes han creado una especie de laboratorio de policía científica. En este sentido, el episodio famoso de Hwang (la presunta clonación de embriones humanos) es muy ilustrativo: se comprobó posteriormente que las imágenes de sus trabajos habían sido manipuladas.” En “Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz” José María Pardo, Ed EUNSA, 2015, p 215-216. 

jueves, 12 de marzo de 2026

Ética de la investigación (IV)

Abundando en la respuesta del Prof. Herranz sobre los límites éticos de la investigación, sigue su argumento:

"La frase, que está recogida en la Declaración de Helsinki, de que jamás los intereses de la ciencia o de la sociedad podrán prevalecer sobre los del individuo, viene de Max Simón: la escribió en su Déontologie Medicale de 1845. Pío XII lo toma probablemente de ahí, y es lo que señala repetidamente en su discurso de 1952… 

Pienso que el libro de Simón es digno de ser leído. Un tanto retórico, pero lleno de energía ética. En él se puede leer: "No es posible ponderar en exceso este principio de respeto al paciente: el paciente más indigente, el más pordiosero, el más inútil a la sociedad, no puede ser sometido a experimentos arriesgados o peligrosos sin su consentimiento. ¡Perezca antes la ciencia que este principio!". 

Es una retórica tan barroca como sincera: una defensa muy antigua y muy genuina de la independencia moral de la persona frente al experimento. 

Pero, al lado de eso, Simón preconizaba la realización de proyectos de investigación coordinados, multicéntricos, que reunieran la mayor cantidad de experticia y la mejor metodología, para llegar a conclusiones válidas cuanto antes." En “Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz” José María Pardo, Ed EUNSA, 2015, p 214-215.

viernes, 6 de marzo de 2026

Ética de la investigación (III)

Seguimos con la respuesta del Prof Herranz: 

“Conocía los discursos bioéticos de Pío XII, una de las primeras manifestaciones de la bioética contemporánea. Y uno de ellos, del año 1952, trataba de los límites de la investigación biomédica; del respeto a los sujetos de investigación…. Algunas ideas de ese documento de Pío XII pasaron directamente a la Declaración de Helsinki. Hay que señalar que la Asociación Médica Mundial, con mucha prudencia, quiso oír las opiniones de los líderes religiosos sobre la ética de la investigación; y curiosamente, fue el testimonio del experto protestante, no el del experto católico, el que se refirió ampliamente a lo que Pío XII había dicho sobre el tema. 

Profundizando en ese asunto, tratando de ver de dónde pudo haber tomado Pío XII esas ideas (las fuentes no estaban citadas), pude comprobar que pro- cedían de la deontología médica francesa del siglo XIX, fuentes que habían sido olvidadas por todos, tanto en Francia como fuera. Eran cosas muy básicas sobre el consentimiento libre e informado del paciente para la investigación, y no sólo para las relaciones terapéuticas de médicos y pacientes. 

La cosa era evidente: en la tradición cristiana, tal como destacaban autores del ciclo de la moral médica francesa de mediados del XIX, el dominio del hombre sobre su cuerpo es un asunto de "administración responsable", de algo de lo que uno no es dueño absoluto, sino un don que uno ha recibido y del que se ha de rendir cuenta. 

La defensa del cuerpo no se hacía en nombre de un dominio autónomo absoluto, de "hago con él, o dejo hacer con él, lo que quiera". Lo dijo muy bien Surbled, cuando afirmaba que al hombre le basta atrincherarse tras su voluntad libre: no tiene obligación de explicar sus razones para negarse a un tratamiento o experimento que le propone el médico: el hombre es el administrador de su voluntad, es el apoderado de sí mismo, que sólo tiene que someterse a la voluntad de Dios y darle cuenta de lo que ha hecho con su vida y su cuerpo. Surbled clamaba contra la conducta monstruosa, criminal, de ciertos médicos que engañaban a los pacientes y los sometían a experimentos brutales.” En “Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz” José María Pardo, Ed EUNSA, 2015, p 213-214.

viernes, 27 de febrero de 2026

Ética de la investigación (II)

NO ES CIERTO que la ética de la investigación biomédica, el consentimiento informado y el respeto al sujeto, sea un producto de EE UU. Ya Pío XII, en 1952, señaló las primeras manifestaciones de la bioética contemporánea, trató de los límites de la investigación biomédica, y del respeto a los sujetos de investigación.

El Prof Herranz: “Del Juicio de Núremberg salió, en agosto de 1947 y como parte de la sentencia, el Código de Núremberg, un documento histórico. Pero en EE.UU., lo mismo que en otros sitios, nadie le prestó atención; los investigadores norteamericanos no se dieron por aludidos: la cosa no iba con ellos, ellos no eran criminales de guerra. Es curioso el escasísimo relieve que en las revistas médicas tuvo el juicio de Núremberg; era un asunto que nada tenía que ver con la noble medicina local. Pero lamentablemente, la investigación que se hacía en aquellos años en los hospitales de Estados Unidos era muy abusiva. Había un gran vacío ético, contra el que protestaban muy pocos. De hecho, sólo lo hizo Harry Beecher, un anestesiólogo de Harvard, católico. Beecher empezó a escribir y publicar unos artículos enormemente acusadores en el New England Journal of Medicine que fueron como un despertador de la conciencia. 

Años después se fueron haciendo las cosas de modo más regular: se establecieron normas de control -éticas y administrativas- en los Institutos Nacionales de Salud: para recibir dinero, era necesario comprometerse éticamente. En el año 1964 la Asociación Médica Mundial dio a luz la primera versión de la Declaración de Helsinki, bastante tímida por cierto, y que fue notablemente mejorada once años después en 1975 en Tokio. En 1979 la National Commission, creada por el Congreso norteamericano, hizo pública la Declaración de Belmont. Fue justamente entonces cuando la bioética académica se empezó a preocupar de la ética de la investigación. 

A fines de los años 80 Faden y Beauchamp publicaron su historia del con- sentimiento informado. Al hacer la recensión bibliográfica de este libro, Arthur Caplan dijo que los autores se habían equivocado al señalar algunos antecedentes europeos, sobre todo franceses, de esa figura entre jurídica y ética. Caplan aseguró que la ética de la investigación biomédica, y en general la ética del consentimiento informado en biomedicina, era un producto estrictamente americano; que la noción de respeto por el sujeto autónomo no podía haber nacido en ninguna otra parte del mundo si no en los EE.UU. Y eso me indignó. Conocía los discursos bioéticos de Pío XII, una de las primeras manifestaciones de la bioética contemporánea. Y uno de ellos, del año 1952, trataba de los límites de la investigación biomédica; del respeto a los sujetos de investigación….”  En “Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz” José María Pardo, Ed EUNSA, 2015, p 212-213.


viernes, 20 de febrero de 2026

Ética de la investigación (I)

Que la investigación médica esté refrendada por la ética tiene transcendencia vital para la sociedad.  

Cuestión: El 13 de octubre de 2002 usted publicó un memorable artículo en Diario Médico. Se cumplían cincuenta años del histórico discurso de Pío XII sobre los límites éticos de la investigación… El núcleo de su mensaje -nunca los intereses de la ciencia o de la sociedad pueden prevalecer sobre los del individuo- está, desde 1975, en la Declaración de Helsinki de la Asociación Médica Mundial. Aunque, como usted ha estudiado en otro momento, este principio tiene antecedentes. 

Respuesta del Prof Herranz: Con el paso de los años, a medida que uno va perdiendo memoria, no parece que queden ya muchas cosas memorables. No creo que sean muchos los que recuerden ese artículo. La razón de escribirlo provenía de un trabajo que yo había publicado poco antes, en el Bulletin of Medical Ethics, sobre los antecedentes católicos de la ética de la investigación biomédica. Hice ese trabajo como reacción frente a la afirmación reiterada de algunos bioéticos norteamericanos de que eran ellos los creadores de la ética de la investigación biomédica, en especial, del consentimiento informado del sujeto de investigación. 

Creo que es de justicia reconocer la enorme aportación de los Estados Unidos a la bioética. Que ellos sean la indiscutible primera potencia mundial en bioética no quiere decir que lo sean todo, o que lo hayan sido siempre, y que todo se lo debamos a ellos. No es correcta esa visión imperialista que a veces exportan, y que obliga, como ocurrió en este caso, a la oportuna rectificación. 

En Núremberg, durante el juicio contra los médicos nazis, el tribunal militar norteamericano necesitaba una normativa sobre investigación biomédica, una ley, en relación con la cual pudieran enjuiciar y condenar a los médicos criminales. En aquel juicio, como en todo juicio que pretenda ser legal, impera el principio de que «sin ley no hay delito»; no se puede inculpar legalmente a nadie en virtud de una ley que no existe. Y en Estados Unidos no había ley de investigación médica. De hecho, solo la había habido en Alemania, donde fue cruelmente burlada. A toda prisa, la Asociación Médica Americana hubo de improvisar unos principios, que se hicieron valer en el juicio de Núremberg como término de referencia. Lamentablemente aquello era una irregularidad judicial, pero ellos eran los vencedores de la guerra…” (seguirá) En “Desde el Corazón de la Medicina. Libro homenaje al Prof Herranz” p 186-192


viernes, 13 de febrero de 2026

Donación de órganos y ética médica (y IX)

En investigación médica el camino real y más eficaz se nutre del estudio de los fenómenos histológicos y fisiológicos naturales, más que en las numerosas elucubraciones que evidencian estar hambrientas de rápida publicación.

Cuestión: Se percibe que todavía nos queda mucho por aprender de la fisiología humana.

Respuesta del Prof. Herranz: “En efecto, esto nos enseña una gran lección: la función del médico tiene que ser en gran medida una imitación de la naturaleza, a la que hay que conocer previamente. La investigación básica debería profundizar en las propiedades y capacidades naturales de las células: cuáles son los mensajes que se envían mutuamente, cómo imitar los movimientos de las células, qué contactos y repulsiones establecen entre ellas, y otras cosas así. Se puede recordar aquí lo dicho a propósito de que el embrión es el experto en multiplicación y diferenciación celular: en el campo de la ingeniería celular y tisular, lo mismo que en el de la Medicina regenerativa, se ha de profundizar en el conocimiento de la fisiología de los tejidos, para respetarlos e imitarlos. 

Este tipo de investigación está todavía en una fase muy primitiva, aunque cuando uno se asoma a la bibliografía se sorprende del trabajo realizado hasta el momento. ¡Ojalá no se contamine el camino! 

Me parece que este es un campo de investigación que tiene un beneficio marginal. No es el campo de investigación apropiado para investigadores hambrientos de fama o de conseguir en muy poco tiempo la solución de un problema. Es un trabajo para gente que ame las células, que sepa y quiera mimarlas, que vaya buscando los factores de crecimiento y las condiciones para movilizarlas. Queda todavía mucho por saber de esos capítulos básicos en que el organismo es maestro: la curación de las heridas, la plasticidad de los tejidos, la modelación de los órganos durante el desarrollo fetal, etc.” En Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz. José María Pardo. Ed EUNSA, 2015 


viernes, 6 de febrero de 2026

Donación de órganos y ética médica (VIII)

La medicina debe actuar siempre conforme a la dignidad del hombre. No es admisible, por ejemplo, que esté dominada por la artificialización de la reproducción humana. 

Cuestión: ¿Resultaría lícito desde el punto de vista ético el trasplante de gónadas?

Respuesta del Prof. Herranz: “En este campo, no tendría inconveniente en aceptar el autotrasplante de corteza ovárica, que puede llevarse a cabo como prevención para un tratamiento quimioterápico que puede causar directamente esterilidad. El hecho de que se pueda conservar congelado ese fragmento y reimplantarlo después para restituir la fertilidad, puede ser aceptable desde un punto de vista experimental, y ya empiezan a publicarse algunas experiencias positivas. 

Cuando el ovario procede de otra mujer (alotrasplante u homotrasplante) se produce una transposición de algo muy personal que, a mi parecer, es rechazable. En este sentido, se ha debatido el caso -demasiado alambicado e improbable- de una hermana gemela monozigótica que dona a su hermana gemela un fragmento de ovario. Pienso que, por encima de la identidad genética (que se da ciertamente entre los gemelos monozigóticos), existe la identidad personal intransferible de cada gemela, lo cual devuelve el caso al grupo general de la humanidad. 

Ser padre o madre de un hijo es algo que no puede delegarse, algo que no puede falsificarse. Es necesario que exista una impronta no sólo genética y gestacional, sino personal: se ha de nacer de las propias entrañas de la madre. Esto no es fácil de entender en una cultura dominada por la artificialización de la reproducción humana.” En Al servicio del enfermo. Conversaciones con el Dr. Gonzalo Herranz. José María Pardo. Ed EUNSA, 2015